Era el 28 de enero de 1960. El
día siguiente no podía quedar sin una sorpresa. Él tenía que hacerle algo
especial a ella y por eso ya estaba preparando
todo durante más de dos semanas. Todo tenía que salir perfecto. Él ya había
elegido el restaurante, comprado el regalo y hecho un trato con sus hijos para
que no le dijesen nada a ella. Todo estaba muy bien arreglado.
Pero lo que él no sabía es que ella también le había planeado una sorpresa.
Cuando el señor Luca Fellicci
llegó al restaurante en la Piazza del Pigneto, en Roma, vio que su mujer Dora conversaba
con un hombre misterioso, muy grande y con una cara muy seria. Aunque vivían en
Lisboa hacía más de diez años debido a los problemas con otras familias de la
mafia italiana, le parecía muy raro a Luca que Dora hablase de una manera tan
de cerca con alguien que él nunca había visto en la vida. Sin embargo, aquella
era la noche en que cumplían 25 años de matrimonio y Luca pensó que podría
aclarar la cuestión más tarde, después de cenar y pasar un buen rato con su
mujer. De todas maneras, el viaje a Roma sería corto, sólo para la cena de
conmemoración y también para Luca poner en orden algunos detalles antiguos de
su pasado en la ciudad.
Dora, por cierto, llevaba un
vestido azul profundo bellísimo. Tan pronto como vio a Luca, sonrió como lo
hizo la primera vez que se conocieron. Con eso, Luca ni siquiera se acordaba ya
de aquel hombre misterioso...
La cena fue fantástica. La
comida estuvo maravillosa y la sorpresa a Dora funcionó como planeado -- antes
del postre, una lluvia delicada de pétalos de rosa ocurrió sobre su mesa,
situada en una zona más reservada en el restaurante. Entonces, Luca dio las
gracias por todo el apoyo y amor que su mujer había dedicado a su familia
durante años y le regaló a Dora un collar con 25 piedras de diamante. Ella contuvo
las lágrimas, se le iluminaron los ojos y no escondió la alegría, pero no le
dijo nada.
Después de la cena la pareja más
enamorada que nunca fue a un hotel celebrar el resto de la noche. Tan pronto llegaron
al hotel fueron a la habitación, que era muy hermosa, toda de colores rojo y
beige y con una cama muy larga. Tal como Luca esperaba, una maleta estaba en un
cajón falso del armario de la habitación. Él la abrió y mostró a Dora su
contenido -- se trataban de numerosos títulos de crédito bancario almacenados
en aquel hotel desde el año de 1948, que debían sumar una cantidad muy grande
de dinero, disponible para uso.
Luca estaba muy alegre y le dijo
a su querida esposa que aquel viaje no podría ser mejor. Sonriendo él fue al
baño cepillar sus dientes. Sin embargo, cuando Luca adentró al baño, encontró al
hombre con quien su esposa hablaba en el restaurante.
El hombre misterioso se presentó
como Giovanni Barletta, el primo de un antiguo amigo de Luca. Sin entender lo
que pasaba y un tanto sorprendido debido a presencia de una persona de la
familia Barletta, Luca le preguntó a Giovanni qué hacía en su habitación y porque él hablaba
con Dora en el restaurante.
Giovanni le dijo que su tío lo
había enviado para avisarle que Giancarlo Amorielle, un antiguo enemigo de
Luca, planeaba matar a Luca durante su estadía en Roma y, para hacer el trabajo
sucio, había enviado un de sus empleados. Giovanni también le dijo que había
intentado hablar con Dora pero ella no le quiso escuchar. Entonces, Luca se
puso muy preocupado con la información y decidió que iba a salir de allí pronto
con su esposa y la maleta. La pareja y Giovanni salieron rápidamente del hotel
y fueron caminando por los márgenes del río Tibre mientras Giovanni les
enteraba de toda la historia.
Giovanni siguió las órdenes de
su tío y acompañó a Luca y Dora hasta una casa escondida en un bosque cerca de
Roma, donde ellos estarían protegidos por ahora. Aun así, cuando llegaron a la
casa, Giovanni escuchó a un ruido raro y rápidamente se puso sospechoso, porque
creía que el empleado de Giancarlo estaba en la casa. Luca mandó que su esposa cogiesee
la maleta y regresase para cerca del río.
Los dos entraron en la casa muy
silenciosamente y cada uno fue a un lado. Luca avistó el asesino tras la puerta
de la cocina y hizo una señal
para que Giovanni viniera. Sin que el asesino notara, Giovanni muy fríamente
disparó un tiro en el medio de la cabeza del empleado de Giancarlo. El asesino
cayó y su sangre corrió por todo el suelo de la cocina. Sin prisa Giovanni
agarró el cuerpo, lo enterró en el bosque y limpió el local del crimen.
Cuando pensaban que todos los
problemas habían terminado,otro hombre apareció en la casa
llevando una chaqueta y un sombrero negros. Luca reconoció al hombre con
facilidad, ¡era
Giancarlo Amorielle! El peor enemigo de Luca y Giovanni estaba allí, con un
arma, mirándolos (ojalá por la última vez). El invasor les dijo que no
escaparían con vida de aquella casa y les apuntó el arma. Cuando iba a
dispararla, la puerta se abrió con violencia: era Luigi Barletta, el tío de
Giovanni y antiguo amigo de Luca.
Luigi disparó un tiro a
Giancarlo y, inesperadamente, otro tiro a Luca, matándolos. Después de mandar
su empleado Giovanni limpiar la casa otra vez, Luigi llamó a Dora, que entró en
la casa y, muy contenta, le regaló la maleta con 200 millones de liras, robados
del Banco de Italia en 1948, inmediatamente antes de que Luca huyese a Lisboa.
"El crimen perfecto para un mafioso, con mucha sangre, jajaja...",
dijo Luigi, "después de más de 10 años, de una sola vez maté a mi más gran
enemigo y al 'amigo' que me traicionó y huyó sin dejarme el dinero que robamos
juntos del Banco de Italia. Además, ahora tengo mi verdadero amor
conmigo". Cogió a una botella de cava y, riendo y mirando a Dora, gritó
"¡Salud!".
Por : Fabio, Livia, Bárbara y Dani (B1/2 Instituto Cervantes)
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