EL CRIMEN PERFECTO
2 de enero de 1985. João
Figueiredo, el presidente de Brasil, estaba en su casa, pensando como seria este nuevo año para el
país.
Había revueltas por las calles
casi toda semana y él sabía que la dictadura estaba llegando a su fin.
Figueiredo recibía amenazas a menudo y tenía miedo de ser asesinado - tanto que
tenía Julio, su guardaespaldas, a su disposición 24 horas por día. Julio fue
entrenado para evitar todo tipo de amenaza: él luchaba artes marciales, conocía
el manejo de diferentes tipos de armas, soportaba temperaturas extremas y podía
inmovilizar una persona con un solo golpe.
Todo esto ocurrió porque durante
el mandato de Figueiredo, que fue uno de los más grandes, él comenzó a conceder
una amplia amnistía a los políticos.
Según los periódicos, su muerte
se produjo por causas renal, cardíaca y respiratoria. Además, las periodistas
Fernanda, Melissa y Joseane, investigaron y descubrieron la verdadera causa.
Ahora, con exclusividad le dirán lo que pasó:
Dulce,
la esposa de Figueiredo, no compartía de las opiniones políticas de su marido y
ya no lo amaba. Por eso, pensó en una manera de terminar con su dictadura. Como
había numerosas protestas y disturbios por el final del gobierno dictatorial,
Dulce pensó de utilizar estas revueltas como coartada para un ataque contra su
esposo.
Desde
1984 ella comenzó su proyecto: encontrar a un hombre fuerte y fiable que podría
ser el guardaespaldas de João pero que, de hecho, sería un hombre de su
confianza.
Dulce lo conoció a Julio en un
sitio de redes sociales (mucha gente no sabe, pero Internet llegó a los
Gobiernos mundiales muchísimo antes de ser accesible a la población) y
consiguió una cita para una entrevista. Después obtuvo algunas referencias
sobre el trabajo de Julio y acerca de sus preferencias políticas. ¡Listo! era el hombre adecuado: no le gustaba
la dictadura y era integrante de un grupo extremista.
Durante los meses de
planificación, Dulce cayó en amor con Julio...él también se encantó por ella e
ya planeaban el futuro sin Figueiredo. Pensaran en todo los detalles y la fecha
del crimen estaba cada día más próxima. El presidente no desconfiaba de nada y
tenía a Julio no sólo como su empleado, sino como un gran amigo, a quién
contaba, incluso, secretos del Estado.
Llegó
el día tan esperado por Dulce. Era una tarde de sábado, ella y Figueiredo
estaban solos en el jardín presidencial; él leía un libro y ella bebía una taza
de café, parecía un día tranquilo.
Pero, Figueiredo oyó el ladrido
de los perros y se levantó para averiguar, además fue sorprendido por tres
hombres enmascarados y bien armados. Le pidieron que se callara y le ataron sus
manos y pies. Sin embargo, Dulce se mantuvo muy calma y nadie la agredió y
tampoco le hicieron amenazas. Figueiredo no podía entender como un grupo tan
violento ha podido invadir su casa, sin que ninguna alarma o aparato del sistema de seguridad
fuera accionado.
Uno de los hombres, que parecía
ser el líder del grupo, comenzó a hacer amenazas, diciendo que su hora había
llegado. Poco después, comenzó a besar y abrazar a Dulce, que le devolvió las caricias. El hombre sacó su máscara y
Figueiredo vio su rostro: ¡era su mejor amigo, Julio! Él comenzó a contar todo
sobre él y Dulce: le contó sobre sus planes, sobre el proyecto que tenían para
tomar el Gobierno y que iban casarse al extranjero.
Figueiredo no pudo contenerse y
cayó muerto al suelo - ¡qué traición! No sólo él fue traicionado en su
casamiento, como también llevó un golpe de Estado. Estaba todo acabado.
Para Dulce y Julio, no podría
ser mejor, así que ni tuvieron que matarlo. Ellos siguieron con el plan y le
llamaron a un médico de su confianza para anunciar el diagnóstico públicamente.
Total que, en la Historia, fue declarada la muerte del presidente Figueiredo
solamente por motivos de salud, sin que estos acontecimientos viniesen al conocimiento
de los brasileños.
Las periodistas Fernanda, Melissa y Joseane
descubrieron y revelaron la verdadera historia en un libro fantástico, que
vendió más de 1 millón de copias. Ahora ellas ¡están compitiendo por el Premio
Pulitzer!
Por : Fernanda, Melissa y Joseane (B1/2 Instituto Cervantes de São Paulo)

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